Ayer me dió un momento de histeria. Yo sé que eso no es nada raro en mí, pero ayer tenía una razón que me hizo reflexionar.
Tenía mucha sed y eso me puso histérica. No compré agua por pura decidía; estábamos en Plaza Andares y nos dirigiríamos al Soriana a hacer las compras de la semana, allá compraría algo de tomar.
Pero para cuando llegamos ya estaba yo medio histerias y de malas, planeando inclusive tomar una botella, abrirla, tomármela y pagarla ya vacía en la línea de cajas. Y es que sólo siento sed y pienso que no habrá leche para Andrea, ese siempre es mi primer pensamiento.
Total, hicimos las compras y me salí por un vasotototototote de agua de horchata; heaven.
Y fué cuando me puse a pensar. En mi histérica travesía, no había tomado agua por decidía, había agua a mi alrededor pero no quise tomarla en ese momento y aunque luego me puse toda loca, pude salir corriendo a tomarme mi aguota. Hay gente en el planeta que no tiene esa suerte y que cada gota de agua le cuesta caminar kilómetros ó hacer largas filas. Yo sólo necesité elegir entre agua fresca, agua embotellada, refresco ó jugo y sacar dinero. Se quitó la sed, se quitó la histeria y mi mente se tranquilizó al dejar de preocuparme por no tener leche para Andrea… a diferencia de esa madre haitiana que a los 2 meses de haber nacido su bebé se había quedado sin leche.
Con 10 pesos tomamos casi cualquier tipo de líquido. ¿Qué será en 1, 2, 5 ó 10 años? ¿Me será igual de fácil tener acceso al líquido?
Pocas veces había pensado en el verdadero valor del agua… y doy gracias por las oportunidades que tengo… aún.