El tema de moda en mi familia es “las pensiones”.
Que si se pensionó la tía Fulanita, que si a Sutanita la pensionaron, que si fulano “anda viendo” como pensionarse con una buena cantidad, que si a la mayoría le han dado una baba y que a ver como le va al resto.
Solo hay un problema más grande que el des-abasto de los medicamentos para el Seguro Social (IMSS) y ese es el mantenimiento de los pensionados. Es bien sabido que no falta mucho para que no puedan mantener a tanta gente, aún con las raquíticas sumas que le dan a los que no tuvieron la suerte de trabajar para ellos. Aún así, muchos aspiran a que llegue ese día en que no tengan que trabajar y aún así no mueran de hambre.
Yo en realidad no tengo ese sueño. Bien dice Kiyosaki que no se puede confiar en los sistemas de pensiones. No sé que haré, pero por lo menos no fijaré mis esperanzas en nuestro gobierno.
Por otro lado, reconozco que es mejor recibir 1200 pesos al mes que nada. Me da tristeza ver a los viejitos del Soriana empaquetando mi comida, al viejito que nos echa aguas en el estacionamiento y a los que venden chicles en la calle.
Justamente hace una semana que me tocó ver una escena que me pareció graciosa y triste a la vez. Estaba en un semáforo esperando a que cambiara la luz, cuando de repente vi que se acercaban dos personas, un hombre y una mujer.
Creí verlos pelear, fué por eso que llamaron mi atención. La señora tenía aspecto indígena, el señor era de piel clara y usaba un casco amarillo (esos que usan en las construcciones) y ambos usaban bastón. Cuando llegaron a mi carro no los vi discutir; la señora golpeó el cristal con las manos – cosa que me encabrita – y le hice la señal de que no tenía dinero (100% verdad) y se siguió de frente. De reojo vi que volvieron a discutir y bajé un poco el cristal para echarme el chisme:
Sra: ¡Vete, vete!
Sr: ¡La calle es libre!
Y arranqué. Llevo una semana pensando en la escena y ya no me parece tan divertida. Me imaginé que ese señor podría ser mi papá, que esa señora podría ser yo. Basta con un golpe de mala suerte (destino, karma, maldición, etc,.) para poder terminar así. ¿Y papá gobierno? Bien gracias, en México el destino parece no estar comprado.
No quiero terminar así y quisiera no ver más viejitos pidiendo dinero de ninguna manera. A veces a mis veintitantos siento una enorme flojera de levantarme a trabajar (y eso que trabajo en el cuarto de al fondo de la casa), ¡cómo voy a estar a los 60? ¿y a los 80?
No, no… no voy a esperarme a sentir el agua en el cuello para ponerme a pensar y planear mi vejez. ¡Ya es hora!